Financial Chronicle
HOMBRE
LO DESTRUYÓ TODO
Londres, 26 feb. — En la madrugada del domingo, el Banco de Inglaterra confirmó lo impensable: Barings Bank, la institución financiera más antigua del Reino Unido, había entrado en quiebra. El pasivo acumulado superaba en más del doble el capital disponible.
Fundado en 1762 por Francis Baring, el banco había financiado las Guerras Napoleónicas, la compra de Louisiana por parte de Estados Unidos y operaciones de la propia Corona británica. La reina Isabel II mantenía una cuenta personal en la entidad.
El banco había financiado incluso la compra de Louisiana a Napoleón en 1803 — una transacción que cambió el mapa de Norteamérica. Para el mundo financiero, su desaparición fue tan impactante como si hubiera colapsado el propio Banco de España.
El comprador fue el banco holandés ING Group, que adquirió la totalidad de activos y pasivos por el precio simbólico de una libra esterlina, asumiendo deudas por valor de 860 millones de libras.
Los reguladores del Banco de Inglaterra fueron criticados duramente por no detectar señales de alerta que, según analistas, eran visibles desde 1993. Las alarmas internas se ignoraron sistemáticamente durante más de dos años.
Singapur, 26 feb. — Nicholas William Leeson, nacido en Watford en 1967, hijo de un yesero, llegó a Singapur en 1992 como director de operaciones de Barings Futures. Lo que siguió es ya una de las mayores estafas individuales de la historia financiera.
Leeson tenía una autorización excepcional y peligrosa: era simultáneamente jefe de operaciones y responsable del back-office, lo que le permitía registrar y ocultar sus propias pérdidas en una cuenta de error n.º 88888.
Sus apuestas se concentraban en futuros del índice Nikkei 225 de la Bolsa de Osaka, bajo la premisa de una recuperación japonesa. El terremoto de Kobe del 17 de enero de 1995 hundió el índice y las pérdidas se tornaron incontrolables.
Nueva York, 26 feb. — La caída de Barings envió ondas de choque por los mercados financieros internacionales, reavivando el debate sobre la supervisión de las mesas de derivados y el peligro de los llamados rogue traders.
El Nikkei cayó un 2,3% en la apertura del lunes. La libra esterlina cedió frente al marco alemán. Los reguladores de doce países convocaron reuniones de emergencia durante el fin de semana.
El episodio reveló fallas sistémicas: los controles internos de Barings no habían sido actualizados desde los años 80; la separación entre front y back office era inexistente en la filial de Singapur.
Leeson huyó de Singapur el 23 de febrero hacia Malasia, luego a Brunéi y finalmente a Frankfurt, donde fue detenido el 2 de marzo. Fue extraditado y juzgado en Singapur.
Como consecuencia directa, el Comité de Basilea publicará antes de fin de año nuevos estándares de gestión del riesgo operacional que transformarán la arquitectura de control de la banca mundial.
Leeson cometió fraude contable deliberado durante más de tres años. Utilizó la cuenta 88888 para ocultar pérdidas que comenzaron siendo menores y se convirtieron en catastróficas.
Operó bajo la certeza de que nadie en Londres entendía los derivados asiáticos lo suficiente para cuestionarle. Cuando las pérdidas se dispararon tras el terremoto de Kobe, en lugar de confesar, duplicó y triplicó las apuestas.
Su huida el 23 de febrero, dejando una nota que decía simplemente "Lo siento", confirmó la premeditación. Fue sentenciado a 6 años y medio en la prisión de Changi, Singapur.
La dirección de Londres cometió el error fundamental de permitir que Leeson acumulara doble función sin supervisión. Ningún banco solvente debería autorizar que un mismo individuo controle las órdenes de compraventa y su liquidación contable.
En 1994, el auditor interno Ron Baker advirtió por escrito sobre la concentración de riesgo en Singapur. La advertencia fue archivada. El CEO Peter Baring y el presidente Andrew Tuckey fueron formalmente criticados por el informe Simex de 1995 por gestión negligente.
Deloitte & Touche actuó como auditor externo de Barings Futures Singapore. La pregunta que sacude al sector es inevitable: ¿cómo no detectaron la cuenta 88888?
Leeson había falsificado documentos de confirmación. Sin embargo, una revisión rigurosa de las reconciliaciones de margen con la bolsa de Osaka habría revelado discrepancias de cientos de millones. Deloitte nunca fue sancionada formalmente, pero el caso redefinió los estándares de auditoría en entidades con derivados.
La Securities and Futures Authority (SFA) y el Banco de Inglaterra fueron señalados por no ejercer supervisión efectiva del negocio de derivados de Barings en Asia.
La Bolsa SIMEX de Singapur envió cartas a Barings en diciembre de 1994 preguntando cómo financiaba las crecientes llamadas de margen. Nadie verificó la respuesta. El Informe del Banco de Inglaterra (1995) reconoció deficiencias graves en la supervisión de filiales en el extranjero.
Barings era conocido como "el banco de la realeza" y había sobrevivido durante más de dos siglos a guerras, pánicos financieros y la Gran Depresión. Su gestión de la deuda norteamericana durante el siglo XIX le valió el apelativo de "sexta gran potencia europea". La reina Isabel II y la familia real británica mantenían cuentas personales en la entidad.
El banco había financiado incluso la compra de Louisiana a Napoleón en 1803 — una transacción que cambió el mapa de Norteamérica. Para el mundo financiero de 1995, su desaparición fue tan impactante como si hubiera colapsado el propio Banco de España.
El colapso fue especialmente traumático porque las pérdidas eran conocidas internamente desde semanas antes, pero ningún directivo en Londres comprendió la escala del problema hasta que fue demasiado tarde.
El caso Barings desencadenó una reforma global. Los acuerdos de Basilea II incorporaron por primera vez el riesgo operacional como categoría independiente, exigiendo capital específico y obligando a todos los grandes bancos a revisar los protocolos de separación entre front y back-office.
El término rogue trader entró en el léxico financiero internacional, anticipando casos similares: Jérôme Kerviel en Société Générale (2008, €4.900M) y Kweku Adoboli en UBS (2011, $2.300M). En todos los casos, los mismos fallos.
La historia de Leeson tuvo un giro inesperado. Tras cumplir su condena y superar un cáncer de colon en prisión, se reinventó: hoy trabaja como conferenciante internacional y asesor de riesgo operacional. Su mensaje — paradójicamente — es exactamente el que nadie en Barings quiso escuchar.