Domingo 26 · Febrero · 1995 · Año CXLVIII · Nº 51.294 ▸ SINGAPORE · LONDON · TOKYO · BARRANQUILLA Edición Global · Precio 1,20 £
The Curramba
Financial Chronicle
EDICIÓN ESPECIAL
CRISIS BANCARIA
MERCADOS EN ALERTA
1,20£
ÚLTIMA HORA Barings Bank declarado insolvente — ING adquiere el banco más antiguo de Inglaterra por una libra esterlina
■ Escándalo financiero del siglo — Colapso histórico en la banca internacional
UN SOLO
HOMBRE
LO DESTRUYÓ TODO
Nick Leeson, trader de 28 años con acento de Watford, apostó £827 MILLONES del dinero ajeno en derivados del Nikkei y hundió Barings Bank — 233 años de historia borrados de un plumazo. La Reina tenía cuenta allí.
El fin de 233 años de historia

— En la madrugada del domingo, el Banco de Inglaterra confirmó lo impensable: Barings Bank, la institución financiera más antigua del Reino Unido, había entrado en quiebra. El pasivo acumulado superaba en más del doble el capital disponible.

Fundado en 1762 por Francis Baring, el banco había financiado las Guerras Napoleónicas, la compra de Louisiana por parte de Estados Unidos y operaciones de la propia Corona británica. La reina Isabel II mantenía una cuenta personal en la entidad.

El banco había financiado incluso la compra de Louisiana a Napoleón en 1803 — una transacción que cambió el mapa de Norteamérica. Para el mundo financiero, su desaparición fue tan impactante como si hubiera colapsado el propio Banco de España.

El comprador fue el banco holandés ING Group, que adquirió la totalidad de activos y pasivos por el precio simbólico de una libra esterlina, asumiendo deudas por valor de 860 millones de libras.

"Ningún modelo de riesgo contemplaba que un solo operador pudiera destruir un banco de este tamaño" — Banco de Inglaterra, Informe Oficial 1995

Los reguladores del Banco de Inglaterra fueron criticados duramente por no detectar señales de alerta que, según analistas, eran visibles desde 1993. Las alarmas internas se ignoraron sistemáticamente durante más de dos años.

El joven de 28 años que hundió el banco más antiguo de Inglaterra

— Nicholas William Leeson, nacido en Watford en 1967, hijo de un yesero, llegó a Singapur en 1992 como director de operaciones de Barings Futures. Lo que siguió es ya una de las mayores estafas individuales de la historia financiera.

Leeson tenía una autorización excepcional y peligrosa: era simultáneamente jefe de operaciones y responsable del back-office, lo que le permitía registrar y ocultar sus propias pérdidas en una cuenta de error n.º 88888.

Sus apuestas se concentraban en futuros del índice Nikkei 225 de la Bolsa de Osaka, bajo la premisa de una recuperación japonesa. El terremoto de Kobe del 17 de enero de 1995 hundió el índice y las pérdidas se tornaron incontrolables.

■ Ficha: Nicholas "El Chapucero" Leeson
Nacimiento25 Feb 1967 · Watford
CargoDirector, Barings Futures SG
En Singapur desde1992
Pérdidas totales£ 827 MILLONES
Cuenta secretaN.º 88888
Detenido enFrankfurt, 2 Mar 1995
Condena6,5 años · Changi Prison
¡Los mercados tiemblan!

— La caída de Barings envió ondas de choque por los mercados financieros internacionales, reavivando el debate sobre la supervisión de las mesas de derivados y el peligro de los llamados rogue traders.

El Nikkei cayó un 2,3% en la apertura del lunes. La libra esterlina cedió frente al marco alemán. Los reguladores de doce países convocaron reuniones de emergencia durante el fin de semana.

El episodio reveló fallas sistémicas: los controles internos de Barings no habían sido actualizados desde los años 80; la separación entre front y back office era inexistente en la filial de Singapur.

Leeson huyó de Singapur el 23 de febrero hacia Malasia, luego a Brunéi y finalmente a Frankfurt, donde fue detenido el 2 de marzo. Fue extraditado y juzgado en Singapur.

"Fue el Big Bang del riesgo operacional en la banca moderna" — Prof. Charles Goodhart, LSE

Como consecuencia directa, el Comité de Basilea publicará antes de fin de año nuevos estándares de gestión del riesgo operacional que transformarán la arquitectura de control de la banca mundial.

EXCLUSIVA ¿Quién tiene la culpa? · Análisis de responsabilidades · Por Sebastián Vives · Editor de Riesgo e Investigación
● Nick Leeson · Actor Principal
35%
Responsabilidad directa

Leeson cometió fraude contable deliberado durante más de tres años. Utilizó la cuenta 88888 para ocultar pérdidas que comenzaron siendo menores y se convirtieron en catastróficas.

Operó bajo la certeza de que nadie en Londres entendía los derivados asiáticos lo suficiente para cuestionarle. Cuando las pérdidas se dispararon tras el terremoto de Kobe, en lugar de confesar, duplicó y triplicó las apuestas.

Su huida el 23 de febrero, dejando una nota que decía simplemente "Lo siento", confirmó la premeditación. Fue sentenciado a 6 años y medio en la prisión de Changi, Singapur.

● Barings · Dirección y Gestión
40%
Responsabilidad institucional

La dirección de Londres cometió el error fundamental de permitir que Leeson acumulara doble función sin supervisión. Ningún banco solvente debería autorizar que un mismo individuo controle las órdenes de compraventa y su liquidación contable.

En 1994, el auditor interno Ron Baker advirtió por escrito sobre la concentración de riesgo en Singapur. La advertencia fue archivada. El CEO Peter Baring y el presidente Andrew Tuckey fueron formalmente criticados por el informe Simex de 1995 por gestión negligente.

● Deloitte & Touche · Auditoría
15%
Responsabilidad profesional

Deloitte & Touche actuó como auditor externo de Barings Futures Singapore. La pregunta que sacude al sector es inevitable: ¿cómo no detectaron la cuenta 88888?

Leeson había falsificado documentos de confirmación. Sin embargo, una revisión rigurosa de las reconciliaciones de margen con la bolsa de Osaka habría revelado discrepancias de cientos de millones. Deloitte nunca fue sancionada formalmente, pero el caso redefinió los estándares de auditoría en entidades con derivados.

● Reguladores · SFA y Banco de Inglaterra
10%
Responsabilidad regulatoria

La Securities and Futures Authority (SFA) y el Banco de Inglaterra fueron señalados por no ejercer supervisión efectiva del negocio de derivados de Barings en Asia.

La Bolsa SIMEX de Singapur envió cartas a Barings en diciembre de 1994 preguntando cómo financiaba las crecientes llamadas de margen. Nadie verificó la respuesta. El Informe del Banco de Inglaterra (1995) reconoció deficiencias graves en la supervisión de filiales en el extranjero.

Infografía — Anatomía de un colapso
Cronología: de las primeras pérdidas al derrumbe
1762
Francis Baring funda el banco en Londres
1992
Leeson llega a Singapur. Abre cuenta 88888
17 Ene 1995
Terremoto de Kobe. Nikkei se desploma
23 Feb 1995
Leeson huye. Pérdidas £827M. Barings insolvente
26 Feb 1995
ING compra Barings por £1. Fin del banco
Pérdidas acumuladas por año (£M)
1992
£2M
1993
£23M
1994
£208M
Ene 1995
£384M
Feb 1995
£827M
Cómo funcionó el fraude — 4 pasos
01
Doble rol
Leeson controla operaciones y liquidación. Sin separación de funciones.
02
Cuenta 88888
Pérdidas en cuenta de error oculta, invisible para Londres.
03
Apuesta doble
Para cubrir pérdidas, aumenta posiciones. El ciclo se acelera.
04
Kobe
El terremoto hunde el Nikkei. Las pérdidas superan el capital del banco.
ANÁLISIS Behavioral Finance — Los sesgos que destruyeron Barings · Por Ana María Araque · Especialista en Finanzas Conductuales
Análisis conductual: los errores psicológicos de Nick Leeson identificados por la teoría de las finanzas conductuales (Shefrin, 2000)
Sesgo emocional
Exceso de Confianza
Sobreestimación de la propia habilidad para predecir mercados. Lleva a infravalorar riesgos y aumentar transacciones de forma irracional.
▸ Leeson creía poder recuperar las pérdidas duplicando posiciones. Su éxito inicial lo convenció de que dominaba el mercado japonés. Aumentó exposición cuando debió salir.
Sesgo emocional
Aversión a las Pérdidas
Las pérdidas duelen más que las ganancias alegran. Lleva a no materializar pérdidas y mantener posiciones perdedoras indefinidamente.
▸ Leeson nunca aplicó stop-loss. Prefirió ocultar pérdidas en la cuenta 88888 antes que reconocerlas. El miedo a asumir la pérdida lo paralizó durante tres años.
Sesgo emocional
Orgullo y Autoestima
Aceptar una mala decisión va contra el ego. Lleva a mantener posiciones perdedoras esperando que el azar revierta el resultado.
▸ "Cuando el orgullo tiene prioridad sobre el dinero, la muerte financiera está próxima." Leeson no pudo admitir ante Londres que había destruido valor.
Sesgo cognitivo
Ilusión de Control
Creer que se puede influir en resultados del mercado cuando no es posible. Lleva a asumir riesgos superiores y carteras sin diversificación.
▸ Leeson concentró toda la exposición en futuros del Nikkei. Llegó a mantener posiciones por $7.000M sin contemplar el terremoto de Kobe.
Sesgo cognitivo
Contabilidad Mental
Tratar el dinero de forma diferente según su origen mental. Genera compartimentos que impiden ver la realidad global de la cartera.
▸ Leeson separó mentalmente las pérdidas de la cuenta 88888 del resto de operaciones, tratándolas como problema "temporal" que se resolvería solo.
Sesgo cognitivo
Disonancia Cognitiva
Evitar la incomodidad de ideas contradictorias. Lleva a mantener posiciones que deberían liquidarse para no reconocer el error original.
▸ Los directivos de Barings London siguieron confiando en Leeson a pesar de indicios claros de irregularidades, porque contradecir esa creencia era psicológicamente incómodo.
"
Los profesionales deben utilizar Behavioral Finance para aprender a reconocer los propios errores y los de los demás, comprender esos errores y tomar medidas para evitarlos.
— Shefrin (2000) · Si los directivos de Barings hubieran aplicado este principio, el banco podría haber sobrevivido 233 años más.
Antecedentes: el fin de una era

Barings era conocido como "el banco de la realeza" y había sobrevivido durante más de dos siglos a guerras, pánicos financieros y la Gran Depresión. Su gestión de la deuda norteamericana durante el siglo XIX le valió el apelativo de "sexta gran potencia europea". La reina Isabel II y la familia real británica mantenían cuentas personales en la entidad.

El banco había financiado incluso la compra de Louisiana a Napoleón en 1803 — una transacción que cambió el mapa de Norteamérica. Para el mundo financiero de 1995, su desaparición fue tan impactante como si hubiera colapsado el propio Banco de España.

El colapso fue especialmente traumático porque las pérdidas eran conocidas internamente desde semanas antes, pero ningún directivo en Londres comprendió la escala del problema hasta que fue demasiado tarde.

Tres conceptos clave del caso
▸ Arbitraje
Aprovechar diferencias de precio de un mismo activo en dos mercados para ganar sin riesgo. Leeson usó este concepto como pantalla: supuestamente arbitraba entre Osaka y Singapur, pero ocultaba apuestas direccionales puras que sus superiores en Londres nunca cuestionaron.
▸ Futuros
Contratos para comprar o vender un activo a precio pactado en fecha futura. Leeson apostaba a que el Nikkei 225 subiría. Cuando Kobe hundió el índice, las pérdidas se multiplicaron porque los futuros amplifican cualquier movimiento del mercado subyacente.
▸ Apalancamiento
Controlar posiciones grandes con un desembolso inicial pequeño. Multiplica ganancias y pérdidas por igual. Leeson controlaba $7.000M con un banco que valía apenas $600M — una palanca de destrucción masiva sin red de seguridad.
El legado: nueva era de supervisión

El caso Barings desencadenó una reforma global. Los acuerdos de Basilea II incorporaron por primera vez el riesgo operacional como categoría independiente, exigiendo capital específico y obligando a todos los grandes bancos a revisar los protocolos de separación entre front y back-office.

El término rogue trader entró en el léxico financiero internacional, anticipando casos similares: Jérôme Kerviel en Société Générale (2008, €4.900M) y Kweku Adoboli en UBS (2011, $2.300M). En todos los casos, los mismos fallos.

La historia de Leeson tuvo un giro inesperado. Tras cumplir su condena y superar un cáncer de colon en prisión, se reinventó: hoy trabaja como conferenciante internacional y asesor de riesgo operacional. Su mensaje — paradójicamente — es exactamente el que nadie en Barings quiso escuchar.